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El debate sobre el pasado celta de Asturias
amalgama la investigación histórica, la arqueología y un profundo
sentimiento de identidad cultural. Si bien la historiografía moderna ha
matizado el concepto decimonónico de una "invasión celta" homogénea, es
innegable que Asturias comparte con el arco atlántico europeo un
sustrato cultural, lingüístico, mitológico y simbólico común que ha
dejado una huella indeleble en su paisaje, su arquitectura agraria y sus
tradiciones artesanales.
La Influencia Celta en
la Historia de Asturias: El Sustrato Castreño
Para comprender la influencia celta en el
Principado, es necesario acudir a la
Cultura de los Castros.
Antes de la llegada de los romanos, el territorio asturiano estaba
habitado por los
ástures (divididos en trasmontanos, al norte de la cordillera, y
cismontanos, al sur). Estos pobladores pertenecían al ámbito cultural de
la gentes célticas o celtofonas del norte peninsular.
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Los Castros:
Eran poblados fortificados situados en lugares estratégicos
(colinas, penínsulas costeras) como el célebre
Castro de
Coaña o el de
Pendia.
Presentaban viviendas de planta circular u ovalada, una
característica arquitectónica compartida con las culturas británicas
e irlandesas de la Edad del Hierro.
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Organización
Social y Lengua: Los ástures se organizaban en clanes y tribus
(como los
lugones o los
pesicos).
Su lengua, englobada en el tronco del celto-hispano, aportó
numerosos vocablos al asturiano actual (topónimos como
Deva
—divinidad o diosa del agua— o palabras patrimoniales vinculadas a
la naturaleza, la orografía y las herramientas).
Tras la violenta conquista romana (las Guerras
Cántabras y Ástures, 29-19 a.C.), este sustrato indígena no desapareció;
se romanizó superficialmente en las ciudades, pero el entorno rural
interior y montañoso conservó intactas gran parte de sus estructuras
comunitarias, creencias y modos de vida.
Creencias y Mitología:
El Culto a la Naturaleza
La religión de los antiguos astures era de
carácter politeísta y animista, íntimamente ligada a las fuerzas de la
naturaleza (ríos, bosques, fuentes y montañas), un rasgo nuclear de la
espiritualidad celta. Con la cristianización, estas deidades no se
extinguieron, sino que sufrieron un proceso de sincretismo o se
transformaron en las criaturas del rico
imaginario mitológico
asturiano:
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El Culto al
Agua y las Xanas: Para los celtas, las fuentes y corrientes de
agua eran entradas al inframundo y moradas de divinidades femeninas.
En Asturias, este mito sobrevive en la
Xana, un
ser mitológico femenino de extraordinaria belleza que habita en las
fuentes de agua pura, guarda tesoros y canta misteriosas melodías.
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El Busgosu:
Protector de los bosques y de la fauna silvestre, mitad hombre y
mitad macho cabrío (frecuentemente representado con cuernos y patas
de cabra). Guarda una estrecha analogía con el dios celta
Cernunnos
(el dios astado de la fertilidad y la naturaleza salvaje).
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El Nuberu y el
Cuélebre: El Nuberu, el señor de las tormentas y el granizo,
recuerda a las deidades atmosféricas y celestes del panteón celta
(como Taranis).
Por su parte, el Cuélebre, la colosal serpiente alada que custodia
tesoros y xanas cautivas, encarna las fuerzas telúricas de la tierra
y los dragones de la tradición atlántica.
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El Tejo (El
Texu): Este árbol sagrado, presente al lado de casi cada
iglesia o ermita rural asturiana, era el eje del mundo (axis
mundi) para los pueblos prerromanos. Bajo su sombra se
celebraban los concilios tribales, una costumbre que derivó en las
asambleas vecinales a concejo abierto durante la Edad Media y la
Edad Moderna.
Simbología Celtárica
que Aún Perdura
El repertorio ornamental asturiano está
plagado de motivos geométricos y astrales que hunden sus raíces en el
arte de la Edad del Hierro y el Periodo de La Tène:
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La Trisquela (o
Triskel): Símbolo compuesto por tres espirales unidas en un
punto central. Representa la triplicidad celta (tierra, mar y aire;
pasado, presente y futuro) y el movimiento continuo. Se encuentra
frecuentemente tallado en hórreos, portones de piedra y joyas
artesanales.
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La Tetrasquela
(o Lauburu): Variante de cuatro brazos curvos que evoca el
movimiento del sol, el ciclo de las estaciones y actúa como un
potente amuleto protector contra el mal de ojo (el
biba) y los rayos.
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Las Esvásticas
circulares y Rosetas Hexapétalas: Símbolos solares de herencia
indoeuropea muy extendidos en el ámbito céltico. La roseta de seis
pétalos inscrita en un círculo es, probablemente, el motivo
geométrico más repetido en la decoración popular asturiana.
La Simbología Celta en
Hórreos y Paneras
El hórreo y la panera (estructuras de madera
alzadas sobre pilares de piedra para conservar la cosecha) son los
máximos exponentes de la arquitectura vernácula asturiana. Más allá de
su evidente función logística, estas construcciones eran consideradas
templos de la abundancia familiar, por lo que requerían una intensa
protección simbólica
y espiritual.
Las maderas (especialmente los
liños o vigas
principales y las
colondras o tablas de las paredes) y los
talametes se
convertían en lienzos donde los carpinteros tallaban un complejo código
de símbolos protectores (talismanes
apotropaicos) de herencia celta:
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Función
Protectora: El objetivo de tallar rosetas hexapétalas,
trisqueles y crecientes lunares no era puramente estético. Se creía
firmemente que estos símbolos impedían que las brujas (bruxes),
los malos espíritus o el propio
Cuélebre
entrasen en el granero a corromper el grano, secar las matanzas o
traer la hambruna a la casa.
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El Estilo
Villaviciosa: Es en las decoraciones de los hórreos de estilo
Villaviciosa (siglos XIV al XVI) donde estos relieves adquieren su
mayor complejidad. En ellos se observan tallas donde los motivos
geométricos astrales de origen prerromano se entrelazan de forma
meticulosa, demostrando la pervivencia de una tradición escultórica
milenaria que se transmitió de generación en generación de
carpinteros de ribera y de lo rústico.
Artesanía de las
Madreñas: Ingeniería Rústica y Simbología
La
madreña es el
calzado de madera tradicional de Asturias, una pieza maestra de la
artesanía popular diseñada para aislar el pie de la humedad, el barro y
el frío extremo del suelo norteño. Aunque existen calzados de madera
similares en otras zonas atlánticas (como los
sabots franceses
o los clogs
británicos), la madreña asturiana destaca por su esbeltez técnica y su
ornamentación.
El Proceso Artesanal de Construcción
El oficio de fabricar madreñas lo ostenta el
madreñeru. El
proceso es completamente minucioso y manual:
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Selección de la
Madera: Se utilizan maderas verdes, ligeras y que no se
resquebrajen fácilmente al secarse. Las predilectas son el
buxu (bojs),
el amargoso, el abedul (abedul)
o el aliso (umeru).
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El Tallado
Externo: Con el hacha de madreñeru y la azuela, se desbasta el
tronco dándole la silueta exterior característica, que incluye los
tres característicos "pies" o tacos inferiores (dos delanteros y uno
trasero) donde se calzan los
tacos de
goma o madera reemplazables.
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El Vaciado:
Utilizando barrenas de diferentes calibres y legra, se vacía
laboriosamente el interior de la pieza para dar cabida al pie (que
siempre se introduce calzado con un zapatón de paño o zapatilla).
Ornamentación y Simbolismo Céltico
Una vez terminada la estructura, se procede al
proceso de dibujado o
tallado. La superficie superior (el empeine) y los laterales de la
madreña se decoran utilizando finos formones y gubias:
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Los Motivos:
Los madreñeros repiten de forma casi ritualística los mismos
patrones geométricos de origen celta descritos anteriormente:
hileras de dientes de lobo, entrelazados, pequeñas rosetas solares y
figuras de lunas.
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Significado:
Al igual que ocurre con los hórreos, las madreñas eran el nexo de
unión directo entre el cuerpo del trabajador y la tierra húmeda
(asociada a los espíritus telúricos). El tallado de estos símbolos
buscaba proteger al portador de tropiezos, caídas accidentales y
enfermedades provocadas por las corrientes frías o los maleficios
que pudieran pisarse en los caminos.
Hoy en día, aunque su uso utilitario ha
disminuido y se concentra en las zonas agrarias y de montaña, la madreña
y los símbolos que porta continúan siendo uno de los mayores orgullos de
la artesanía identitaria del Principado de Asturias.
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