"El amor es física y química. La vida no es más que un proceso químico, pero un proceso químico hermoso."
Es un privilegio trazar la trayectoria de Severo Ochoa de Albornoz, una de las figuras más formidables de la bioquímica del siglo XX. Su vida no solo refleja la edad de oro de la biología molecular, sino también las fracturas geopolíticas de un siglo que obligó a la ciencia española a florecer en el exilio.
Contexto familiar y formación (1905-1931)
Orígenes y juventud
Severo Ochoa nació el 24 de septiembre de 1905 en Luarca (Asturias). Tras el fallecimiento de su padre, su infancia continuó en Málaga, donde despertó su fascinación por la biología tras leer los textos de Santiago Ramón y Cajal.
La edad de plata madrileña
Estudió en la Facultad de Medicina de la Universidad Central de Madrid, albergado en la Residencia de Estudiantes. Allí fue clave su encuentro con el fisiólogo Juan Negrín, quien lo impulsó a la investigación activa en el metabolismo de la creatinina.
El periplo internacional y el exilio (1931-1941)
Su formación posdoctoral abarcó centros punteros:
- Glasgow (1927): Metabolismo de la creatina.
- Heidelberg (1929-1930; 1936-1937): Laboratorio de Otto Meyerhof (Premio Nobel), investigando la glucólisis.
- Londres (1932-1934): National Institute for Medical Research con Henry Dale.
El estallido de la Guerra Civil Española en 1936 y la posición política de Negrín motivaron su exilio. Tras pasar por Oxford, emigró a EE. UU. en 1941, recalando en la Universidad de Nueva York (NYU).
El hito científico y el Premio Nobel (1941-1959)
En NYU destacó en enzimología, aclarando pasos del Ciclo de Krebs y estudiando el ATP.
En 1955, junto a Marianne Grunberg-Manago, aisló la polinucleótido fosforilasa, enzima capaz de sintetizar ácido ribonucleico (ARN) sintético en el laboratorio.
Por estos descubrimientos sobre la síntesis biológica del ARN y ADN, recibió el Premio Nobel de Fisiología o Medicina en 1959, compartido con Arthur Kornberg.
El desciframiento del código genético (Años 60)
Su laboratorio colaboró y compitió con Marshall Nirenberg en la asignación de tripletes de bases (codones) para los aminoácidos, determinando el mecanismo de lectura del código genético.
Retorno, legado en España y dimensión humana
Fundó en 1975 el Centro de Biología Molecular Severo Ochoa (CBMSO), modernizando la infraestructura científica española y formando a referentes como Margarita Salas.
Casado con Carmen García Cobián, su compañera vital, Ochoa defendió una visión materialista y humanista de la existencia:
"El amor es física y química. La vida no es más que un proceso químico, pero un proceso químico hermoso."