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Vacas autóctonas de Asturias

Imagen representativa de Vacas autóctonas de Asturias

Orígenes y Raíces:

El Tronco Cantábrico
Hablar de nuestras vacas es hablar de la historia misma de Asturias y de un patrimonio cultural vivo. Las dos joyas de nuestra cabaña ganadera, la Asturiana de los Valles y la Asturiana de la Montaña (también conocida como Casina), descienden directamente del legendario Bos taurus primigenius.

Ambas razas pertenecen al milenario tronco cantábrico, un linaje de bovinos que se forjó y adaptó durante siglos a la difícil orografía, la constante humedad y los duros pastos de nuestras montañas y valles.

Los Primeros Registros de Nuestras Razas
Las primeras menciones históricas de nuestro ganado se remontan a los textos de los cronistas del Imperio Romano, quienes ya describían con asombro a las tribus astures acompañadas de un ganado bovino rústico, ágil y fuerte, pilar fundamental para su supervivencia en el norte peninsular.

Sin embargo, el reconocimiento oficial y zootécnico no llegaría hasta mucho después. Fue a finales del siglo XIX y principios del XX cuando comenzaron a documentarse en tratados de veterinaria los primeros intentos serios de estandarización morfológica de estas vacas.

El verdadero hito en la conservación y mejora genética se produjo con la creación de los modernos Libros Genealógicos. En 1981 nació ASEAVA (Asociación Española de Criadores de Ganado Vacuno Selecto de la Raza Asturiana de los Valles), y poco después, en 1986, se fundó ASEAMO para la Asturiana de la Montaña, un paso crítico que salvó a esta última del inminente peligro de extinción.

Historia de su Explotación:

De la Leche y el Arado a la Carne
Nuestros antepasados practicaban una ganadería de subsistencia y triple aptitud, lo que significaba que la misma vaca debía servir para tirar del carro o el arado en las escarpadas tierras de cultivo, proporcionar leche diaria a la familia y, en última instancia, aportar carne.

En el caso específico de la Asturiana de la Montaña, su leche, aunque escasa en volumen, poseía un porcentaje de grasa y una calidad excepcionales. Históricamente, fue la base exclusiva para la elaboración de joyas gastronómicas y artesanales como el Queso Casín, una de las recetas queseras más antiguas y singulares de toda España.

Con la progresiva mecanización del campo en el siglo XX, la necesidad de utilizar el ganado para la fuerza de trabajo desapareció por completo. Simultáneamente, la introducción de razas foráneas altamente especializadas en leche (como la raza Frisona) desplazó a nuestras vacas autóctonas de la producción láctea comercial.

Esta profunda transformación obligó a los ganaderos asturianos a reorientar sabiamente la cría de ambas razas hacia la producción exclusiva de carne, aprovechando su excelente genética para ofrecer hoy un producto de altísima calidad gastronómica.

Diferencias Físicas y Productivas:

Valles contra Montaña
A simple vista, las diferencias físicas son muy notables y marcan la personalidad de cada animal. La Asturiana de los Valles es una vaca de gran tamaño y conformación robusta, con una capa castaña clara (lo que aquí llamamos cariñosamente "roxa") y un perfil recto que denota su capacidad cárnica.

Por su parte, la Asturiana de la Montaña o Casina es de un tamaño visiblemente menor, mucho más compacta, ágil y rústica. Su pelaje varía en tonos castaños más oscuros, presentando un característico oscurecimiento alrededor de los ojos (como si llevara un antifaz) y un perfil más cóncavo, coronado por unos espectaculares cuernos abiertos en forma de lira.

Productivamente, la Asturiana de los Valles es la indiscutible reina del rendimiento. Su conformación, especialmente en los ejemplares que presentan el carácter "culón" (una hipertrofia muscular natural que reduce la grasa y dispara la masa magra), garantiza canales de un peso excepcional y cortes de carne sumamente tiernos.

La Asturiana de la Montaña destaca, en cambio, por su inigualable capacidad de adaptación. Aunque su rendimiento cárnico es menor en volumen, la calidad de su carne es soberbia, muy infiltrada y sabrosa. Además, su inmenso valor actual incluye el mantenimiento del ecosistema de alta montaña, aprovechando pastos en desniveles donde ninguna otra raza comercial podría sobrevivir.

Evolución y Situación Actual de la Ganadería Vacuna en Asturias
El camino histórico de la ganadería asturiana ha sido una constante lucha de resistencia. Durante las décadas de los 60 y 70, la fiebre por importar razas foráneas supuestamente más rentables estuvo a punto de hacer desaparecer a nuestras vacas, arrinconadas y consideradas obsoletas por un mercado que solo valoraba el volumen industrial.

Afortunadamente, esta peligrosa tendencia se revirtió a partir de los años 80. Los ganaderos y la administración comprendieron que nuestro verdadero tesoro y ventaja competitiva no residía en competir en cantidades masivas, sino en defender nuestra calidad, nuestro entorno y nuestra tradición.

Hoy en día, la sólida situación del sector se apoya en marcas de garantía de prestigio. La creación de la Indicación Geográfica Protegida (IGP) "Ternera Asturiana" en el año 2001 fue el salvavidas definitivo. En la actualidad, nuestras ganaderías de cría extensiva dominan el paisaje asturiano, siendo un referente europeo de sostenibilidad, respeto por el entorno y bienestar animal.

Legislación, Trazabilidad y el Camino Hasta la Mesa
La legislación actual sobre la explotación ganadera en Asturias es de las más garantistas y estrictas del mundo. Nuestro día a día se rige por normativas del Gobierno del Principado, del Ministerio de Agricultura y de la Unión Europea, centradas obsesivamente en la sanidad, el bienestar animal y la seguridad alimentaria.

El minucioso camino del ternero hacia la mesa comienza el mismo día de su nacimiento. En un plazo legal máximo de 20 días, los ganaderos debemos colocarle dos crotales (pendientes identificativos de plástico amarillo) en ambas orejas, los cuales contienen un código alfanumérico único a nivel europeo que lo acompañará toda su vida.

De forma paralela y automática, se emite su Documento de Identificación Bovina (DIB). Este documento es el verdadero "pasaporte" del animal, donde consta de manera inalterable su fecha de nacimiento, raza, sexo, explotación de origen y su genealogía completa.

Durante su cría, el rebaño está sometido a implacables controles veterinarios oficiales. Anualmente pasamos saneamientos ganaderos obligatorios para garantizar al cien por cien que nuestros animales están libres de enfermedades transmisibles como la tuberculosis o la brucelosis.

El último y riguroso paso ocurre en los mataderos y salas de despiece certificados. El animal se transporta bajo estrictas normativas de bienestar. Tras el sacrificio, si la carne aspira al sello de la IGP Ternera Asturiana, un veedor independiente del consejo regulador audita y certifica su calidad, asegurando que el consumidor final recibe en su plato una carne con una trazabilidad perfecta y una excelencia garantizada.

El Futuro de la Ganadería en Asturias y las Ayudas Políticas
El futuro inmediato de nuestro sector se debate entre grandes oportunidades y serias amenazas que decidirán la supervivencia del medio rural. Por un lado, tenemos un producto gastronómico inmejorable demandado por la alta cocina; por otro, los altísimos costes de producción (piensos, gasoil, forrajes) ahogan constantemente nuestra rentabilidad.

El relevo generacional se alza como nuestro mayor y más urgente desafío. El campo necesita desesperadamente que los jóvenes encuentren un modo de vida atractivo, digno y económicamente viable para quedarse en las aldeas y tomar las riendas de las caserías familiares, frenando así la sangría del despoblamiento.

En este frágil escenario, las ayudas políticas son un pilar de sostenimiento vital. La PAC (Política Agraria Común) de la Unión Europea proporciona fondos fundamentales a través del pago básico, ayudas acopladas a la vaca nodriza y los nuevos "ecorregímenes", que recompensan económicamente nuestras prácticas beneficiosas para el medio ambiente.

Además, desde el Gobierno del Principado se articulan líneas estratégicas de apoyo autonómico. Estas incluyen planes de mejora de explotaciones, subvenciones para la primera instalación de jóvenes ganaderos y, muy especialmente, líneas de compensación por los crecientes daños que la fauna salvaje (como el lobo y el oso) causa en nuestros rebaños en extensivo.

La clave definitiva para nuestro futuro radicará en que la sociedad y las administraciones valoren nuestro verdadero papel. Los ganaderos asturianos no somos simples productores de carne; somos los jardineros de este paraíso natural, los guardianes de nuestra identidad cultural y los conservadores indispensables de un ecosistema que, sin nuestras vacas pastando, desaparecería para siempre bajo la maleza.